Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro (2 page)

Elijo como modelo la relación entre la filosofía de la naturaleza en Epicuro y Demócrito. No creo que ese punto de partida sea el más cómodo. Por un lado, en efecto, existe un viejo prejuicio, en todas partes admitido, según el cual se identifican las físicas de Demócrito y Epicuro hasta no ver en las modificaciones introducidas por este último nada más que ideas arbitrarias; y estoy obligado, por otra parte, a entrar, en cuanto a los detalles, en ciertas aparentes micrologías. Pero, precisamente, porque ese prejuicio es tan viejo como la historia de la filosofía y puesto que las divergencias se hallan tan ocultas que sólo se revelan ante el microscopio, el resultado será aún más importante si logramos demostrar que a pesar de su afinidad existe entre las físicas de Demócrito y Epicuro una diferencia esencial que se extiende hasta los menores detalles. Lo que se puede probar en lo pequeño es aún más fácil de mostrar cuando se toman las relaciones en dimensiones mayores, mientras que, por el contrario, las consideraciones demasiado generales, dejan subsistir la duda de si el resultado se confirmará en lo particular.

II. Juicio sobre la relación de la física democrítea y la epicúrea

Para poder apreciar la diferencia general entre mi punto de vista y las opiniones anteriores, basta con examinar rápidamente los juicios de los antiguos sobre la relación de la física de Demócrito y la de Epicuro.

El estoico Posidonio, Nicolás y Soción censuran a Epicuro por haber dado como de su propiedad la doctrina democrítea sobre los átomos y la de Aristipo sobre el placer
[1]
. El académico Cotta pregunta en Cicerón: «¿Qué hay, por cierto, en la física de Epicuro que no pertenezca a Demócrito? Él modificó, en efecto, algunos detalles, pero en general no hace más que repetirlo»
[2]
. Y Cicerón mismo dice: «En la física, a propósito de la cual mayormente se vanagloriaba, Epicuro no es más que un simple advenedizo. La mayor parte de ella pertenece a Demócrito; cuando se separa de él o quiere corregirlo, lo altera y lo desfigura»
[3]
. No obstante, si bien muchos autores reprochan a Epicuro haber expresado injurias contra Demócrito, Leoncio, según Plutarco, afirma, al contrario, que Epicuro estimaba a Demócrito puesto que éste, antes que él, había profesado la verdadera doctrina y descubierto con anterioridad los principios de la naturaleza
[4]
. En el tratado
De placitis philosophorum
se dice que Epicuro practicó la filosofía según Demócrito
[5]
. Plutarco, en su
Colotes
, va más lejos. Al comparar sucesivamente a Epicuro con Demócrito, Empédocles, Parménides, Platón, Sócrates, Estilpón, los cirenaicos y los académicos, se esfuerza en probar «que de toda la filosofía griega Epicuro se ha apropiado lo falso y no ha comprendido lo verdadero»
[6]
, y el tratado
De eo quod secundum Epicurum non beate vivi possit
abunda en insinuaciones malévolas del mismo género.

Esta opinión desfavorable de los autores antiguos se vuelve a hallar en los padres de la Iglesia. Cito en nota sólo un pasaje de Clemente de Alejandría
[7]
, uno de los padres de la Iglesia, que merece particular mención a propósito de Epicuro, porque al interpretar las palabras en que el apóstol Pablo pone a los fieles en guardia contra los filósofos en general, formula una advertencia frente a la filosofía de Epicuro, ya que éste no se ha permitido fantasear
[8]
ni una sola vez sobre la providencia. Pero el hábito ya aceptado de acusar a Epicuro de plagio aparece en su forma más sorprendente en Sexto Empírico, quien pretende
[9]
convertir algunos pasajes absolutamente inadecuados de Homero y Epicarmo en las fuentes principales de la filosofía epicúrea.

Es sabido que, en conjunto, los autores modernos sostienen también que Epicuro, como filósofo de la naturaleza, es un simple plagiario de Demócrito. Las palabras siguientes de Leibniz pueden representar aquí, en general, la opinión de aquéllos: «De ese gran hombre (Demócrito), casi no sabemos más que lo que le ha tomado Epicuro, quien no era capaz de escoger siempre lo mejor»
[10]
.

Así, pues, mientras Cicerón reprocha a Epicuro por desvirtuar la doctrina de Demócrito, mas le deja, por lo menos, la voluntad de mejorarla y el discernimiento de ver sus defectos
[11]
; en tanto que Plutarco lo acusa de inconsecuencia y de inclinación predeterminada hacia lo peor y llega hasta a sospechar de sus intenciones, Leibniz le niega aún la aptitud de extraer con destreza los pasajes de Demócrito.

Sin embargo, todos concuerdan en decir que Epicuro ha tomado su física de Demócrito.

III. Dificultades relativas a la identidad de las filosofías democrítea y epicúrea de la naturaleza

En otros testimonios históricos muchos argumentos defienden la identidad de la física de Demócrito y la de Epicuro. Los principios —los átomos y el vacío— son indiscutiblemente los mismos. Sólo en las determinaciones particulares parece prevalecer alguna divergencia arbitraria, es decir, accesoria.

Mas subsiste entonces un enigma singular, insoluble. Dos filósofos enseñan en absoluto la misma ciencia y lo hacen por cierto de la misma manera; sin embargo —¡qué inconsecuencia!— se hallan en diametral oposición en todo lo que concierne a la verdad, la certeza, la aplicación de esta ciencia, y, de un modo general, respecto de la relación entre el pensamiento y la realidad. Yo digo que están en oposición diametral y trataré ahora de demostrarlo.

A) Parece difícil fijar la opinión de Demócrito sobre la verdad y la certeza del saber humano. Nos hallamos en presencia de pasajes contradictorios; o mejor, no son los fragmentos sino las ideas de Demócrito las que se contradicen. En efecto, la afirmación de Trendelenburg en
Comentario sobre la psicología de Aristóteles
, según la cual sólo los autores posteriores revelan dicha contradicción, que Aristóteles habría ignorado, es realmente inexacta. Pues se dice en la
Psicología
de Aristóteles: «Demócrito considera el alma y el entendimiento como una sola y misma cosa; según él lo verdadero es el fenómeno»
[12]
, y en la
Metafísica
leemos, al contrario: «Demócrito pretende que no existe la verdad o que ella está oculta»
[13]
. ¿Estos pasajes de Aristóteles no se contradicen? Si el fenómeno es lo verdadero, ¿cómo lo verdadero puede estar oculto? El hecho de estar oculto no comienza sino en el momento en que el fenómeno y la verdad se separan. Ahora bien, Diógenes Laercio refiere que se ha colocado a Demócrito entre los escépticos. El cita su máxima: «En realidad nosotros no sabemos nada, pues la verdad permanece oculta»
[14]
. Afirmaciones análogas se encuentran en Sexto Empírico
[15]
.

Esta opinión de Demócrito, escéptica, incierta, y en el fondo contradictoria consigo misma, está sólo desarrollada sobre todo en la forma en que se determina la relación del átomo con el mundo de la apariencia sensible.

Por una parte, el fenómeno sensible no pertenece a los átomos mismos. Ese fenómeno no es sensible, sino que posee una apariencia subjetiva. «Los principios verdaderos son los átomos y el vacío; el resto es opinión, apariencia»
[16]
. «Sólo en la opinión existen lo caliente y lo frío; en verdad no hay más que átomos y vacío»
[17]
. No resulta, entonces, un objeto de la pluralidad de los átomos, sino que por combinación de los átomos todo objeto
parece
devenir uno"
[18]
. En consecuencia, sólo la razón debe considerar los principios, los que a causa de su misma pequeñez son en absoluto inaccesibles al ojo humano; por eso se les llama ideas
[19]
. Además, por otra parte, el fenómeno sensible es el único objeto verdadero, y la
aísthesis
es la
frónesis
, mas lo verdadero es mutable, inestable, es fenómeno. Pero, decir que el fenómeno es lo verdadero resulta contradictorio. Por consiguiente, ora un aspecto ora el otro es convertido en subjetivo y objetivo. La contradicción parece así resuelta porque ella es dividida en dos mundos. Demócrito reduce, por tanto, la realidad sensible a la apariencia subjetiva; mas la antinomia, eliminada del mundo de los objetos, existe en su propia autoconciencia, en la que el concepto del átomo y la intuición sensible se enfrentan hostilmente.

Demócrito no escapa entonces a la antinomia. No es aquí aún el lugar para explicar esto. Basta con que no se pueda negar su existencia.

Escuchemos, por el contrario, a Epicuro. El sabio, dice él, se comporta
dogmáticamente y no en forma escéptica
[20]
. Mejor aún, lo que le asegura por cierto la ventaja sobre todos es que él sabe con convicción
[21]
. «Todos los sentidos son heraldos de la verdad»
[22]
. «
Nada puede refutar a la percepción sensible
; ni la sensación semejante a la semejante, a causa de su similitud de valor, ni la desemejante a la desemejante, pues ambas no juzgan el mismo objeto, ni tampoco el concepto puede refutarlas porque éste depende por entero de la percepción sensible», se dice en la
Canónica
[23]
. Pero, mientras Demócrito reduce el mundo sensible, a una
apariencia subjetiva
, Epicuro hace de él un
fenómeno objetivo
. Y es a conciencia que se diferencia en este punto, pues afirma que comparte los
mismos principios
, mas no convierte las cualidades sensibles en
simples opiniones
[24]
.

Una vez admitido, entonces, que la percepción sensible fue el criterio de Epicuro y que el fenómeno objetivo le corresponde, se puede considerar como exacta la consecuencia ante la cual Cicerón se encoge de hombros. «El sol le parece grande a Demócrito porque él es un sabio versado perfectamente en geometría; Epicuro supone que tiene alrededor de dos pies de diámetro, pues éste juzga que es tan grande como parece»
[25]
.

B)
Esta diferencia
en los
juicios teoréticos
de Demócrito y Epicuro sobre la certeza de la ciencia y la verdad de sus objetos, se realiza en la energía y en la praxis
científica
dispares de estos hombres.

Demócrito, para quien el principio no deviene fenómeno y permanece sin realidad ni existencia, tiene, por el contrario, frente a él como mundo real y concreto,
el mundo de la percepción sensible
. El mundo es, en efecto, una apariencia subjetiva, aunque por eso mismo, separado del principio y abandonado en su realidad independiente; mas es al mismo tiempo el único objeto real que como tal tiene valor y significado. Por ese motivo Demócrito es empujado a la
observación empírica
. Al no hallar satisfacción en la filosofía se arrojó en brazos del
conocimiento positivo
. Hemos visto más arriba que Cicerón lo llama
vir eruditus
. El es versado en física, ética, matemática, en las disciplinas enciclopédicas, en todas las artes
[26]
. Ya el catálogo de sus libros, registrado por Diógenes Laercio, testimonia su saber
[27]
. Empero, la erudición tiene por característica extenderse en amplitud, reunir datos e investigar en lo externo; así vemos a Demócrito
recorrer la mitad del mundo
para recoger experiencias, conocimientos y observaciones. «De todos mis contemporáneos —se vanagloria— yo soy el que ha recorrido la mayor parte de la tierra y explorado los países más remotos; he visto los climas y regiones más variados; he oído a los sabios más ilustres y nadie me ha sobrepasado en la composición de figuras con demostraciones ni aun los llamados arpedonaptas de Egipto»
[28]
.

Demetrio en los
Homónimos
, y Antístenes en las
Sucesiones
, informan que Demócrito se detuvo en Egipto junto a los sacerdotes para aprender geometría, así como también permaneció entre los caldeos en Persia y que llegó hasta el Mar Rojo. Algunos afirman que se encontró con los gimnosofistas de la India y que visitó a Etiopía
[29]
. Fue empujado tan lejos, en parte que el deseo de aprender, que no le daba reposo, pero también por el hecho de no hallar satisfacción en el verdadero conocimiento, es decir, en el saber filosófico. El saber que él tiene por auténtico es vacío; el que le ofrece un contenido carece de verdad. La anécdota de los antiguos puede ser una fábula, pero es verdadera en cuanto expresa la contradicción de su naturaleza. Demócrito mismo se habría privado de la vista para que la
visión sensible
no oscureciera en él
[30]
la penetración del espíritu
. Es el mismo hombre que, según Cicerón, había recorrido la mitad del mundo. Mas no logró hallar lo que buscaba.

Una figura totalmente opuesta nos presenta Epicuro.

Él se siente satisfecho y feliz con la filosofía. «Será necesario —dice— que sirvas a la filosofía para obtener la verdadera libertad. Quien se dedica y entrega a la filosofía no debe espera, muy pronto se verá emancipado. Pues servir a la filosofía significa libertad»
[31]
. «Que el joven, enseña Epicuro consecuentemente, no dude en filosofar ni el anciano renuncie a filosofar, porque nadie es demasiado joven ni demasiado maduro para recobrar la salud del alma. Pero quien diga que el tiempo de filosofar no ha llegado aún o que ha pasado, se asemeja a aquel que pretende que el momento de ser feliz todavía no está en sazón o que ya se ha esfumado»
[32]
. Mientras Demócrito, a quien no le ha satisfecho la filosofía, se abandona al conocimiento empírico, Epicuro
desprecia las ciencias positivas
: ellas no contribuyen en nada a la
perfección verdadera
[33]
. Se le llama enemigo de la ciencia: despreciador de la gramática
[34]
. Se le acusa aun de ignorancia; «pero, dice un epicúreo en Cicerón, no era Epicuro quien carecía de erudición sino que los ignorantes son los que creen que aquello que es vergonzoso para el niño no saberlo, debe sin embargo repetirlo el anciano»
[35]
.

Empero, en tanto Demócrito trata de instruirse junto a los sacerdotes egipcios, los caldeos de Persia y los gimnosofistas indios, Epicuro se jacta, por su parte, de no haber tenido maestros, de ser un autodidacto
[36]
. Algunos —dice él, según Séneca— persiguen la verdad sin la menor ayuda. Entre éstos él se ha abierto camino. Y de ellos, de los autodidactos, hace los mayores elogios. Los otros no serían más que cerebros de segunda clase?
[37]
Mientras Demócrito ha viajado por todos los países del mundo, Epicuro apenas abandonó dos o tres veces su Jardín de Atenas y se dirigió a Jonia, no para dedicarse a investigaciones sino para visitar a sus amigos
[38]
. En tanto, finalmente, Demócrito, desesperando del saber, se quita él mismo la vista, Epicuro, en cambio, cuando siente aproximarse la hora de la muerte, se introduce en un baño caliente, pide vino puro y recomienda a sus amigos que permanezcan fieles a la filosofía
[39]
.

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