Más allá de las estrellas

BOOK: Más allá de las estrellas
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Han Solo es el capitán de un carguero clandestino, contrabandista e infractor de la ley por cuenta propia, sometido sólo a los dictados de su propia voluntad.

En compañía de su amigo wookie, Chewbacca, se pasea por toda la galaxia en su nave espacial, el
Halcón Milenario
, sin la necesidad de rendir cuentas a nadie, ni humano, ni androide, ni ningún otro ser.

Pero un buen día su nave sufre un desperfecto y Han pone rumbo a un planeta seguro, donde sabe que Doc se dedica a reparar naves espaciales, sin hacer preguntas.

Pero Doc ha desaparecido; su hija accede a efectuar los trabajos necesarios, a cambio de que Han le ayude a localizar a su padre. La idea no seduce demasiado al piloto.

Pero entonces Chewbacca es misteriosamente secuestrado, y la misión de Han adquiere para él un interés personal.

Brian Daley

Más allá de las estrellas

Las aventuras de Han Solo 1

ePUB v1.0

Jukogo
03.05.12

Título original:
Más allá de las estrellas (Han Solo at Star's End)

Colección: Las aventuras de Han Solo 1 (los otros dos no han sido publicados en España)

Cronología: 2 años A.B.Y (Antes de la Batalla de Yavin)

Brian Daley, 1980.

Editor original: Jukogo (v1.0)

ePub base v2.0

A Paul Anderson y Gordon R. Dickson, por sus palabras de aliento a un novato en el oficio.

A Owen Lock, ilustrado editor y amigo, siempre dispuesto a llegarse hasta Antares para tomar unas copas.

I

—Tienes razón, es una nave armada. ¡Maldita sea!

Los paneles de instrumentos de la cabina de mando del
Halcón Milenario
bullían llenos de luces indicadoras de peligro, destellos de alarma y pitidos y bocinazos del conjunto de sensores. Por las pantallas de lectura iban desfilando a gran velocidad los cuadros de información de combate.

Han Solo, agazapado en el asiento del piloto, paseaba fría y velozmente la mirada de los instrumentos a la pantalla y viceversa, en un presuroso examen de su situación. Sus delgadas facciones juveniles se fruncieron en preocupada concentración. La superficie del planeta Duroon se aproximaba más y más al otro lado del casco de la cabina. Algo más abajo y hacia popa, una nave fuertemente armada había detectado la presencia del
Halcón Milenario
y se dirigía hacia ellos en actitud desafiante. El hecho de que la nave de guerra les hubiera descubierto antes que ellos a ella era motivo de no poca preocupación para Han; la capacidad de ir y venir sin llamar la atención, sobre todo no a nivel oficial, era vital para un contrabandista.

Han Solo empezó a transmitir datos de control de artillería a los sistemas de ataque de la nave.

—Carga las baterías principales, Chewie —dijo, sin apartar los ojos de su porción del pupitre de control—, y conecta todos los escudos protectores. Estamos en espacio prohibido; no podemos dejarnos atrapar ni permitir que identifiquen la nave.

Sobre todo, añadió para sus adentros, con la carga que llevamos.

A su derecha, Chewbacca, el wookiee, emitió un sonido a medio camino entre un gruñido y un ladrido, mientras sus dedos peludos accionaban veloces los controles, con segura destreza. Su enorme figura velluda encogida ocupaba todo el desmesurado asiento del copiloto. Mostró sus feroces dientes de presa, a la manera wookiee, y empezó a rodear rápidamente la nave con sucesivas capas de energía defensiva. Al mismo tiempo, aumentó al máximo la potencia de su artillería ofensiva.

Han cogió con fuerza el timón de su nave preparándose para la batalla y empezó a reprocharse amargamente el haber aceptado ese trabajo. Sabía perfectamente que podría crearle conflictos con la Autoridad del Sector Corporativo, en plena zona de acceso prohibido.

El avance de la nave de la Autoridad les dejaba un margen de escasos segundos para tomar una decisión vital: o bien renunciaban a su misión y ponían rumbo a zonas desconocidas, o bien intentaban arreglárselas para hacer su entrega a pesar de todo. Han examinó su pupitre de control, con la esperanza de encontrar alguna clave para su dilema, si no recibía una descarga de la plataforma cósmica.

La otra nave no habla ganado terreno. A decir verdad, el
Halcón
la estaba dejando atrás. Los sensores calibraron la masa, armamento y potencia de su perseguidor y Han aventuró una conjetura.

—No creo que ésa sea una nave regular, Chewie; más bien parece un carguero equipado con armamento suplementario. Debía acabar de despegar cuando nos descubrió. Diablos, ¿no tendrán nada mejor que hacer esos chicos?

Pero no parecía ir demasiado desencaminado. Las únicas instalaciones importantes de la Autoridad en Duroon, las únicas dotadas de unos servicios portuarios completos, estaban situadas en el extremo más alejado del globo planetario, donde la línea del horizonte en aquel momento debía empezar a iluminar un cielo gris. Han tenía previsto aterrizar en un punto lo más alejado posible del puerto, en plena zona nocturna del planeta.

—Descenderemos —decidió Han.

Si el
Halcón
conseguía zafarse de sus perseguidores, Han y Chewbacca podrían efectuar su descenso y, si seguía acompañándoles la suerte, también conseguirían salir de esa aventura.

El wookiee emitió un malhumorado gruñido, husmeando con su negra nariz y mostrando la lengua.

Han le lanzó una mirada iracunda.

—¿Se te ocurre acaso alguna salida mejor? Es un poco tarde para echarse atrás, ¿no crees?

Hizo bajar en picado el carguero modificado, perdiendo altura para así aumentar su velocidad adentrándose más en el cono de sombra de Duroon.

La nave de la Autoridad, en cambio, disminuyó todavía más su velocidad, mientras seguía ascendiendo por la atmósfera del planeta, cambiando velocidad por altitud en un intento de mantener el
Halcón Milenario
bajo el control de sus sensores. Han ignoró la orden de alto que le transmitía la Autoridad; hacía tiempo que había desconectado los telecontestadores que debían haber comunicado automáticamente la identidad de su nave espacial en respuesta a cualquier pregunta oficial.

—Mantén los desviadores a plena capacidad —ordenó Han—. Voy a bajar y no tenemos ningunas ganas de asarnos vivos.

El wookiee hizo lo que le ordenaban, desprendiéndose así de la energía térmica generada por el rápido paso del
Halcón
a través de la atmósfera. Los mandos de la nave se estremecieron cuando comenzó a sortear el aire más denso. Han maniobró a fin de interponer la masa del planeta entre ellos y la nave de la Autoridad.

Pronto lo consiguió, mientras los indicadores registraban un incremento de la temperatura debido a la fricción del rápido descenso del carguero. Han contrastó los datos de los sensores con lo que él mismo divisaba a través del casco de la cabina y no tardó en localizar su primer punto de referencia, una hendidura volcánicamente activa orientada de este a oeste, como una espléndida cicatriz encendida sobre la piel de Duroon. Interrumpió el rápido descenso del
Halcón
, no sin algunas protestas de los sistemas de control ante la inmensa tensión. Cuando por fin consiguió recuperar el control, faltaban escasos metros para tocar la superficie del planeta.

—A ver cómo se las arreglan para localizarnos ahora —exclamó Han satisfecho.

Chewbacca soltó un bufido. Su significado estaba claro: el refugio que habían encontrado sólo podía ser provisional. El riesgo de ser detectados, ópticamente o por medio de instrumentos, sobre esa hendidura de la superficie de Duroon era escaso, pues el
Halcón
se desvanecería entre un marco de escoria ferrosa, calor infernal y disonancias radiactivas. Pero tampoco podrían permanecer demasiado tiempo en semejante lugar.

Han así lo reconoció, bajo la intensa luz anaranjada de la fisura que iluminaba la cabina de mando.

En el mejor de los casos, habría conseguido burlar a la nave de la Autoridad que ahora no podría localizar al
Halcón
, aun suponiendo que llegara a ganar la altitud suficiente para tenerlo de nuevo en el campo de acción de sus sensores. Aceleró todo lo que se atrevió, en un esfuerzo por mantener la masa de Duroon entre ellos y la nave perseguidora, mientras buscaba un lugar donde aterrizar. Maldijo la ausencia de unos indicadores de navegación adecuados; aquello era navegar a ojo, y además sin la posibilidad de asomar la cabeza fuera de la cabina y pedir ayuda a algún viandante.

En pocos minutos, la nave llegó casi hasta el extremo occidental de la fisura. Han se vio obligado a aminorar un poco la velocidad; habla llegado el momento de buscar alguna señal indicadora. Pasó revista a las instrucciones que le habían dado y que había confiado únicamente a su memoria. A lo lejos, en dirección sur, se alzaba amenazadora una gigantesca cordillera. Inclinó bruscamente el
Halcón
hacia babor, bajó un par de interruptores y enfiló en línea recta hacia las montañas.

Los sensores especiales de inspección de terreno de la nave entraron en acción. Han mantuvo la proa de la nave muy pegada a una superficie de lava solidificada y algunas fisuras activas ocasionales, estribaciones de la hendidura principal. Para conseguir el margen adicional de protección que ello podía representar contra el riesgo de ser detectado, ajustó el vuelo del
Halcón
casi a la altura de aterrizaje y se lanzó a la carrera sobre las ondulantes llanuras volcánicas.

—Si hay alguien por allí abajo, más le valdrá agachar la cabeza —advirtió, con un ojo pegado a los sensores de inspección del terreno.

El bip-bip de los sensores le anunció que habían localizado el puerto de montaña que estaba buscando.

Han ajustó la trayectoria de la nave.

Era curioso. Según le habían informado, la abertura en las montañas tenía una amplitud más que suficiente para permitir el paso del
Halcón
, pero según las indicaciones de los sensores parecía estrechísima.

Por un instante, Han consideró la posibilidad de ganar altura a toda velocidad y saltar los altos picos de la cordillera, pero era muy posible que, si así lo hacía, se encontrara otra vez al alcance de los sensores de la Autoridad., Estaba demasiado cerca del punto de descarga, y de cobrar su paga, para correr el riesgo de verse obligado a interrumpir su misión y emprender la huida. El momento pasó y ya no tuvo posibilidad de opción. Han aminoró todavía más la velocidad, sin otra solución que atravesar el puerto de montaña a baja altura.

Gotitas de sudor le inundaron la frente y le humedecieron la camisa y la chaqueta. Chewbacca emitió su profundo gruñido de máxima concentración y los dos compañeros de viaje sincronizaron sus movimientos, adaptándolos a las necesidades del
Halcón Milenario
. La imagen del puerto de montaña sobre las pantallas de los sensores de inspección de terreno seguía siendo poco prometedora.

Han apretó con fuerza los mandos, palpando la presión de sus guantes de piloto sobre su superficie.

—¡Que paso ni qué cuernos... eso es una ranura! Respira hondo, Chewie; tendremos que deslizarnos como podamos.

Han se enzarzó en una desesperada batalla con su nave. Chewbacca maulló, dando rienda suelta a su disgusto por todas las maniobras no convencionales, mientras iba accionando los propulsores de freno, aunque ni siquiera su acción bastaría para evitar el desastre. La ranura empezó a perfilarse, una zona ligeramente más clara de cielo iluminado por brillantes estrellas y una de las tres lunas de Duroon, enmarcada por la silueta de las montañas. Por un pelo, resultaría demasiado estrecha.

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