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Authors: Megan Maxwell

Deseo concedido (64 page)

BOOK: Deseo concedido
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Tras un intenso beso, Duncan aflojó sus manos. Soltándola, se separó de ella y sonrió al verla aún ante él con los ojos cerrados.

—¡Eres preciosa, Impaciente! —susurró al rozar con su mano el óvalo de la cara mientras ella abría los ojos.

Antes de que él pudiera decir nada más, ella se tiró a sus brazos y, sin ningún tipo de miramiento, capturó su boca y comenzó a besarlo de tal manera que él tuvo que apoyarse en la mesa al sentir que ese beso le sacudía el cuerpo hasta lo más profundo de su ser.

—No vuelvas a hacerme nunca más lo que has hecho —susurró Duncan, atraído como un imán hacia ella—. No vuelvas a dejarme nunca más, mi amor.

—Te lo prometo, siempre y cuando tú no vuelvas a mirar a ninguna otra que no sea yo —respondió enredando sus dedos en aquel pelo que tantas noches había añorado tocar.

Duncan, al escucharla, por fin respiró.

—He creído morir al no encontrarte. Mi lugar está contigo. Te quiero tanto que soy incapaz de continuar viviendo sin ti, sin tus besos, sin tus retos y sin tu locura.

Con dulzura, Duncan tocó la barriguita que se interponía entre ambos. Besó la punta de su nariz, mientras las lágrimas saladas de Megan corrían por su cara al escuchar abrumada aquellos sentimientos y aquella ternura que Duncan le manifestaba.

—Nuestro hijo y nuestras vidas serán tan maravillosos que nunca te arrepentirás de haberte casado conmigo.

—Duncan —dijo mirándole a los ojos—, ¿sabes que desde hace varios días ya no soy tu mujer?

—Eres mi mujer, cariño —sonrió sacando una cadena que llevaba al cuello, donde colgaba el anillo de bodas—. De todas formas, mi amor, esta vez nos casaremos ante Dios, y para toda la vida. Quiero que tu vestido de novia sea el que tú desees, que adornes la capilla con las flores que tú quieras. Quiero que esta vez sea todo diferente. —Tomándola de la mano, dijo con verdadero amor—: Megan, ¿quieres casarte conmigo?

—Sí, mi señor —sonrió al ver que él levantaba una ceja—. Sí, Duncan, quiero casarme contigo. Me encantaría casarme aquí y ahora. No necesito una bonita capilla, ni un espectacular vestido de novia si tú me quieres, aunque no puedo negar que sí me gustaría que en esta boda estuvieran todas las personas que nos quieren.

—¿Estás segura de lo que dices? —sonrió con astucia Duncan.

—Sí, totalmente segura —asintió enamorada.

—De acuerdo —dijo sentándola en la silla mientras se alejaba a toda prisa. Megan le miraba sorprendida y sin palabras—. No te muevas, cariño. Vuelvo enseguida. ¿Confías en mí?

Tras unos instantes, en los que ambos se miraron a los ojos, finalmente Megan contestó:

—Sí, cariño. Confío en ti.

Él le guiñó un ojo y ella sonrió sin entender por qué Duncan corría de aquella manera. Al verle desaparecer, entró en la cabaña. Se miró en el espejo y se asustó. ¡Dios santo, qué aspecto de loca tenía! Se lavó rápidamente la cara, se puso uno de los bonitos vestidos que Kieran le había regalado, y comenzó a peinarse el cabello hasta que escuchó que Duncan la llamaba.

Con impaciencia, abrió la puerta. Se quedó sin habla cuando al salir se encontró con un montón de caras sonrientes que la observaban. Allí estaban Zac y Shelma, junto a Gillian, Alana y Briana con su bebé, quienes la miraban con una increíble sonrisa; Lolach junto a Axel, Mael, Anthony, Myles, Ewen, Gelfrid, Kieran y Niall, que le guiñó un ojo con cariño y complicidad. Se sorprendió también al ver a Sarah, Mary, Rene, Edwina, Fiorna y Susan, que la saludaban tímidamente con la mano, mientras McPherson y el padre Gowan, al lado de Magnus y Marlob, ponían los ojos en blanco al ver a los ancianos llorar como mujeres.

Sintiendo que la alegría le desbordaba, miró a Duncan, que a un lado observaba cómo las emociones y los sentimientos tomaban forma en el precioso rostro de su mujer. Se acercó con la más encantadora de sus sonrisas y, tras colocar con cariño en su vestido el broche del amor, que momentos antes Marlob le había entregado, le tomó las temblorosas manos y le susurró al oído:

—Deseo concedido, mi amor.

Sin soltarle las manos, esperó a que el padre Gowan, tras una bonita y emotiva ceremonia, les declarase marido y mujer.

Capítulo 46

Diez meses después, en Eilean Donan se celebraba el bautizo de Johanna, la preciosa hija de cabellos oscuros y ojos verdes de Duncan y Megan McRae. La celebración reunió de nuevo a todos los familiares y amigos. Pletórico de alegría con su hija en brazos, Duncan no podía apartar los ojos de su mujer, que en ese momento bailaba con Myles una danza escocesa.

—¡Déjame que la coja un rato! —le pidió Niall al ver a su preciosa sobrina.

—Johanna —murmuró Duncan tras darle un beso en la cabecita a su adormilada hija—, te va a coger el tío Niall.

—¡Es tan preciosa como su madre! —exclamó Niall al besar a la niña una vez que la tuvo en sus brazos. Aquella pequeña le producía una ternura inmensa, tanto o más que la propia madre—. Aunque espero que no tenga tanto genio, ni cometa tantas locuras.

—Yo espero que sí —se carcajeó Duncan, que observaba a su mujer muerta de risa mientras danzaba junto a Gillian, Alana y Shelma—. Espero que sea igual que su madre. Así me garantizo que sabrá defenderse sola de cualquier patán que intente acercarse a ella.

—En cierto modo, tienes razón —asintió Niall mirando en ese momento a Gillian, que bailaba felizmente a los sones de las gaitas con Kieran y Marlob, mientras Lolach y Anthony mecían a sus respectivos hijos y charlaban.

—Una cosa, Niall —susurró Duncan—. ¿Cuándo vas a ser lo suficientemente valiente para decirle a Gillian que no puedes vivir sin ella?

—Oh, hermano —respondió con una cómplice sonrisa, justo en el momento en que Gillian le miró con el reto en sus ojos—. Como dijo una vez el padre Gowan, todo a su tiempo.

Megan Maxwell (nació en 1965 en Núremberg, Alemania), es el seudónimo de una escritora española de novela romántica actualmente afincada en Madrid. Aunque publica tanto novela romántica contemporánea como histórica, destaca como una de las principales representantes del subgénero romántico Chick lit en España.

Trabajó como secretaria en una Asesoría Jurídica durante varios años, hasta que un buen día, decidió dedicarse a escribir novelas románticas bajo el seudónimo de Megan Maxwell.

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