Read Los números de las sensaciones Online

Authors: Jesús Mate

Tags: #Intriga, #Terror, #Policíaco

Los números de las sensaciones

 

El matrimonio Lux ha recibido una oferta de empleo en el centro psiquiátrico de Bonesporta. Allí tendrán que analizar a sus pacientes con una nueva técnica revolucionaria que ellos han creado: los números de las sensaciones. Lo que no saben es que van a entrar en un juego de mentiras y venganza del que les va ser difícil escapar.

Jesús Mate

Los números de las sensaciones

ePUB v1.1

JesusMate
 
27.05.12

Título original:
Los números de las sensaciones

Jesús Mate, 27 de Mayo de 2012.

Diseño/retoque portada: Jesús Mate

Editor original: JesusMate (v1.0 a v1.1)

ePub base v2.0

A mis sueños y pesadillas, que son mi fuente de inspiración.

Por supuesto, también a mi familia.

Introducción

E
l psiquiatra Dr. Peter Lux, y su esposa, la matemática Dra. Anna Lux, crearon los números de las sensaciones. Te preguntarás, ¿qué son esos números? Pues bien, son pura imaginación del autor del libro. Estos números no existen, pero en ellos se centra la novela que ahora está en tus manos. Para explicártelos, el autor podría haber incluido la conferencia en la que los protagonistas dieron a conocer sus investigaciones, pero esto sería tan aburrido, y con tan poco sentido dentro de esta novela, que lo vamos a resumir en este simpático prólogo.

Imagínense que a través de un texto de cierta longitud, un psiquiatra y una matemática fueran capaces de determinar tu estado de ánimo, tu capacidad mental, tu imaginación, tu grado de locura,… El lector, una vez leído el texto, debe decir la primera letra que se le venga a la cabeza. Y aunque, aparentemente, este inocente acto reflejo no puede decir nada de nosotros, el Dr. y la Dra. Lux han conseguido dar toda una nueva técnica de análisis humano.

Pongamos un ejemplo. Lean la siguiente cita que trata sobre el amor:

"El amor nace del recuerdo

vive de la inteligencia

y muere por olvido".

(Ramón Llull)

¿Lo ha leído? Ahora diga en voz alta una letra, la primera que le venga a la mente. Y ahora cuente el número de veces que dicha letra aparece en la cita. Ese número indicará si usted está enamorado o no, o si cree en el amor. ¿Ha elegido la e? Sale 11 veces en el texto, es la letra que más aparece, y eso quiere decir que usted es un gran enamorado. Luego van la l (9 veces), la o y la r (6 veces), o la a (5 veces), que quiere decir que usted cree en el amor, pero tiene precaución. Sin embargo, si ha elegido una letra que no sale ninguna vez en el texto, significará que, sencillamente, no cree en el amor.

Por supuesto, esto es fantasía de primera ley. No hay nada de verdad en estos números de las sensaciones, y seguro que muchos se escandalizarán de que una matemática acepte esto. De un psiquiatra, tal vez… Pero esta novela no va a generar polémicas de ningún tipo sobre estos números, ya que, muchas veces, los números son un simple reflejo de una realidad que puede llegar a asustarnos. En esto se basa la novela, en la oscuridad de la mente y en como una inocente idea puede volverse en tu contra.

PRIMERA PARTE
Llegada

P
ues allí estaban. Les había costado un viaje de cuatro horas, dolor de espalda y varios sustos en la carretera, pero habían llegado. Hacía varios minutos que divisaron el edificio donde pasarían los próximos días analizando a una serie de pacientes a través de la teoría de los números de las sensaciones. Esta teoría se había completado con un gran éxito tanto en el territorio científico, como en el campo económico (la patente generaba cientos de euros al mes). El psiquiatra Dr. Peter Lux, y su mujer, la matemática Dra. Anna Lux, después de varios años de investigación, habían perfeccionado una teoría del análisis del comportamiento humano. Inicialmente la idea fue del también psiquiatra Dr. Roberto Emina, un amigo de Peter, que falleció en un accidente de coche y en su testamento le dejó todas sus indagaciones en la materia. A Peter le pareció tan bueno, que junto a su esposa consiguieron terminar lo que el Dr. Emina había empezado.

A los dos meses de la presentación a la sociedad científica, Peter había recibido una oferta de trabajo, para él y para Anna, en un centro psiquiátrico, a las afueras de la ciudad de Bonesporta, situada en el país vecino: Calvania. A pesar de que la teoría de los números de las sensaciones les reportaba una buena suma de dinero, la oferta que el director del centro les dio no podía ser rechazable, pues tenían en mente crear una organización benéfica de ayuda para combatir la pobreza en el tercer mundo. El mensaje no especificaba exactamente cuál iba a ser su labor en el centro, pero suponían que sería analizar a los pacientes a través de su nueva teoría. Aunque algún problema grave debía tener el centro, pues la urgencia del mensaje llegó a asustar a Anna.

Pero finalmente estaban allí, delante de un edificio blanco como la nieve, de líneas rectas perfectas, en medio de nada más que campo. Aparcaron cerca de la entrada, dejando las maletas en el coche y se dirigieron hacia la puerta, cuando un hombre uniformado apareció de ella.

—¿Doctor y doctora Lux? —Preguntó.

—Sí, somos nosotros.

—Les estábamos esperando. Acompáñenme.

Debía rondar los sesenta años, pues tenía el pelo gris oscuro, y en su cara estaban apareciendo demasiadas arrugas. Seguramente sería el responsable de seguridad, por lo que Peter supuso que en aquel lugar no se necesitaría mucha seguridad a tal distancia de cualquier signo de civilización. Así que la edad del guardia le parecía aceptable. Además todo estaría automatizado dentro de aquel edificio, que, por lo que había conseguido averiguar, era vanguardista y de última generación.

Una vez dentro, el guardia entró en su garita y les indicó que para llegar al despacho del director continuaran por un pasillo a su derecha. Antes de eso, les pidió las llaves del coche para llevar las maletas y aparcarlo en el garaje, si aceptaban el trabajo. Así lo hicieron, y empezaron a seguir una serie de flechas que indicaban la dirección correcta. Con una mirada Anna le dijo que no se separara mucho de ella. Los pasillos, de un blanco aún más inmaculado que el del exterior del edificio, eran muy agobiantes ya que no se distinguían unos de otros. Peter esperaba de un momento a otro que volvieran a la entrada, donde el guardia enfadado debería llevarlos personalmente al despacho, pero no fue así.

—¡Mira! —Le indicó Anna para que regresara de sus pensamientos. Delante, a la izquierda, estaba la puerta del director, cuyo pomo era lo único con lo que podían distinguir la puerta de la pared. ¿Por qué todo era tan blanco? Le estaba empezando a doler la cabeza. Anna golpeó con los nudillos la puerta y giró el pomo, y a continuación le empujó hacia dentro para entrar ella detrás de él. La miró enfadado, y enseguida ambos esbozaron una sonrisa. Al fin entró.

—¿Director Santo?

—Adelante, adelante —contestó una voz detrás de un sillón con ruedas, pegado a una gran mesa que despedía un olor increíble a madera. El director estaba hablando por teléfono en tono jovial, y eso le gustó a Peter. Cuando terminó se volvió hacia ellos, y con una gran sonrisa empezó a hablar.— Encantado de conocerlos, doctor y doctora Lux. Es un placer recibir en mi centro a dos grandes profesionales que espero que sean capaces de superar el reto que enseguida les formularé.

Tendría apenas unos cinco años más que ellos. Vestía con elegancia un traje negro de marca, y llevaba varios anillos de oro en sus dedos. Tenía el cabello negro peinado hacia atrás, con algunas canas sueltas. Sus ojos verde oscuro les miraban con amabilidad. Pudo ver una pequeña cicatriz en el lado izquierdo de su cara. Sus rasgos le resultaban familiares. Al estar sentado no pudo comprobar su altura, pero suponía que sería algo más alto que él. Era del tipo de personas que transmitían seguridad incluso sin conocerla.

—¿Reto? —Le preguntó Anna. Peter la miró y le cogió de la mano, pues estaba demasiada tensa. Ya le había dicho que si por cualquier motivo no les gustaba el trabajo se irían tan pronto como habían llegado.

—Ja, ja. Tranquila doctora Lux, sólo es una forma de hablar. Empezaré hablando del centro que os acogerá, espero, en los próximos días, tal como el mensaje que les envié indicaba. El centro psiquiátrico Bonesporta es uno de los centros más avanzados en cuanto a tecnología se refiere, con un mínimo de personal debido a la alta mecanización del sistema de seguridad, limpieza, comedor, entre otros. A causa de la complejidad de la infraestructura del recinto, todos sus habitantes tienen en su poder un GPS que les indica en todo momento su posición. —Cambió de postura en su silla, apoyando los codos sobre la mesa—. Los pacientes que el centro acoge son los casos más excepcionales del país. Cualquier individuo cuya situación mental sea inadecuada en otro centro, el nuestro los acoge de manera automática. En la actualidad hay siete pacientes: cinco hombres y dos mujeres, los cuales se encuentran en distintas alas por razones políticas básicamente, ya que ningún paciente, esté en el ala que esté, se comunica con otro paciente. Sus celdas están completamente equipadas con todas las comodidades que se pueden esperar del más lujoso hotel, exceptuando aquello que pueda poner en peligro su integridad física. Lo que es una lástima, pues algunos se pasan el día entero arrodillados en una esquina. En fin.

Hizo una pausa para tomar un poco de agua. Les había contado una bonita historia, pero no les había aclarado aún su tarea. Peter miró a Anna y vio que se había tranquilizado un poco, y eso era buena señal. El director carraspeó y continuó.

—Por ejemplo, la higiene corporal se realiza cada dos días, donde se lleva a todos los pacientes a la sala de lavado, y se les mete en unos baños especiales individuales. De la comida se encarga una máquina traída de EEUU, y programada para elaborar los platos de los pacientes y trabajadores del centro, así como de enviarlos a través de una serie de conductos a las habitaciones de cada trabajador y cada paciente. Pueden deducir que aquí no hay cafetería ni nada parecido, sino que cada uno come por su cuenta. Otro detalle del centro…

—Perdone que le interrumpa, pero antes de que siga, me gustaría saber cuál va a ser nuestra labor aquí.

Other books

Under a Dark Summer Sky by Vanessa Lafaye
Touching the Sky by Tracie Peterson
Another Country by James Baldwin
A Fire That Burns by Still, Kirsty-Anne
Embers & Ice (Rouge) by Isabella Modra
Castaway Colt by Terri Farley
Where There's a Will by Bailey Bradford
Homespun Hearts by Fyffe, Caroline, Osbourne, Kirsten, Morsi, Pamela