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Authors: Nancy Huston

Tags: #Narrativa, #Drama

Marcas de nacimiento

BOOK: Marcas de nacimiento
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«Un acontecimiento terrible tuvo lugar durante la infancia de la bisabuela y las consecuencias se extienden a lo largo de generaciones. Es un libro sobre el impacto de los acontecimientos políticos y familiares, sobre la forma en que se transmiten los recuerdos, sobre cómo la Historia influye en las historias particulares». Así define la galardonada escritora francocanadiense Nancy Huston su última novela, que además del Premio Femina 2006 obtuvo un enorme éxito en Francia. A través de los relatos de cuatro niños, desde la actualidad hacia el pasado, el lector accede a los recuerdos personales que entretejen la historia familiar hasta culminar con el descubrimiento de un secreto que ha determinado la vida de todos ellos. La novela se inicia en California en 2004, con el brillante y mimado Sol; continúa en 1982 con su padre Randall, que divide su infancia entre Nueva York y Haifa; prosigue con su abuela Sadie desde el Toronto de los años sesenta y culmina con la bisabuela Erra desde su hogar en Múnich en 1944. Una marca de nacimiento, una señal congénita que une a las cuatro generaciones, será la clave para desvelar ese terrible misterio que ha condicionado irremediablemente sus vidas.

Nancy Huston

Marcas de nacimiento

ePUB v1.0

Dirdam
21.02.12

Título original en francés: Lignes de Faille

Traductor: Eduardo Iriarte Goñi

Editorial: Salamandra

ISBN: 978-84-9838-176-4

Año de edición: 2008

Para Tamia

y su canción

Árbol

«¿Qué era, aquella quemazón, aquel asombro, aquella infinita insuficiencia, aquella dulce, aquella honda, aquella radiante sensación de las lágrimas al aflorar? ¿Qué era?»

R. M. Rilke

I.- Sol, 2004

Estoy despierto.

Es como apretar un interruptor e inundar una habitación de luz.

Me sacudo el sueño, entro en la vigilia con un súbito chasquido, mente y cuerpo en perfecto funcionamiento, seis años y ya un genio, eso es lo primero que me viene a la cabeza cuando despierto.

Mi cerebro inunda el mundo, el mundo inunda mi cerebro, controlo y poseo hasta el último resquicio.

Domingo de Ramos temprano G.G. ha venido de visita mamá y papá siguen dormidos

Un soleado domingo sol sol sol sol rey sol Sol Solly Solomon

Soy como la luz del sol, todopoderoso, instantáneo e invisible, fluyo sin el menor esfuerzo hasta los confines más oscuros del universo

capaz a los seis años de verlo iluminarlo entenderlo todo

• • •

En un abrir y cerrar de ojos estoy lavado y vestido, tengo el pelo peinado y la cama hecha. Los calcetines y la ropa interior de ayer están en el cesto de la ropa sucia; a finales de semana los lavará, secará, planchará y doblará mi madre, y luego volverán al cajón de arriba, listos para que los use de nuevo. Eso se llama ciclo. Todos los ciclos tienen que ser controlados y supervisados, como el ciclo alimenticio. Los alimentos circulan por el cuerpo y hacen de uno quien es, así que hay que tener cuidado con lo que se ingiere o se deja de ingerir. Yo soy excepcional. No puedo permitir que entre cualquier cosa en mi cuerpo: la caca tiene que salir del color y la consistencia adecuados, eso forma parte de la circulación.

En realidad apenas tengo hambre, y mamá se muestra muy comprensiva al respecto, sólo me da alimentos que me gustan porque circulan con mayor facilidad, yogur, queso y pasta, mantequilla de cacahuete, pan y cereales, no insiste en todo ese aspecto de comer que consiste en verduras, carne, pescado, huevos, sino que me dice: ya llegaremos a eso cuando estés listo. Me prepara sándwiches de mayonesa y me recorta la corteza, pero aun así sólo como la mitad o una cuarta parte del sándwich y ya me basta, mordisqueo el pan y humedezco los bocaditos con saliva dentro de la boca mientras los aplasto entre los labios y las encías para que se disuelvan poco a poco, porque en realidad no quiero tragármelos. Lo esencial es mantener la mente despierta.

A papá le gustaría que comiese como cualquier otro niño americano normal. Le preocupa cómo me las arreglaré en el comedor cuando empiece a ir a la escuela el otoño que viene, pero mamá dice que me recogerá y me traerá a casa a comer, ¡para eso están las madres que se quedan en casa!

Dios me dio este cuerpo y esta mente y tengo que cuidar lo mejor posible de ellos para darles el mejor uso posible. Sé que Él tiene grandes planes para mí, o de otra manera no habría nacido en el estado más rico del país más rico del mundo, con el sistema de armamento más poderoso, capaz de desatar el juicio final para toda la especie humana de un pepinazo. Por suerte, Dios y el presidente Bush son colegas. Me imagino el cielo como un inmenso estado de Texas en el firmamento, con Dios paseándose por ahí con sombrero y botas de vaquero, asegurándose de que todo vaya bien en su rancho. De vez en cuando dispara al azar contra algún planeta para pasar el rato.

Cuando sacaron a Saddam Hussein de su ratonera el otro día, tenía el pelo apelmazado y sucio, los ojos llorosos e inyectados en sangre, la barba descuidada y las mejillas chupadas. Papá, sentado delante de la tele, jaleó:

—Toma ya, eso sí que es una derrota —dijo—. Espero que todos esos terroristas musulmanes sepan lo que les espera.

—Randall —le dijo mi madre, que estaba poniéndole delante una bandeja con un vaso helado de cerveza y un cuenco de cacahuetes—. Deberíamos tener cuidado con lo que decimos. No querrás que Solly crea que todos los musulmanes son terroristas, ¿verdad? Seguro que hay musulmanes viviendo aquí en California que son muy buena gente, lo que ocurre es que no los conozco en persona.

Lo dijo en plan chistoso, pero sé que también decía la verdad. Papá echó un largo trago de cerveza y repuso:

—Sí, tienes razón, Tessie, lo siento. —Y lanzó un eructo bien fuerte que mamá decidió tomarse a broma, así que se rió.

Tengo unos padres maravillosos que se quieren, cosa que no les ocurre a la mayoría de los niños de mi parvulario. Salta a la vista que se quieren porque sus fotos de boda enmarcadas siguen en el aparador junto con todas las tarjetas de felicitación, ¡y eso que se casaron hace siete años! En realidad mamá es dos años mayor que papá, detesto reconocerlo, y desde luego no lo parece, pero tiene treinta años; algunos niños del parvulario tienen madres de cuarenta y tantos y la madre de mi amigo Brian tiene cincuenta, más que la abuela Sadie, lo que significa que lo tuvo cuando tenía cuarenta y cuatro años, qué asco, no puedo creer que la gente siga follando en la vejez. Sí, ya sé cómo se hacen los niños, lo sé todo.

• • •

En realidad fue la abuela Sadie quien escogió mi nombre. Siempre lamentó no haberle puesto a mi padre un nombre judío, así que cuando llegó la siguiente generación no quiso perder la oportunidad por segunda vez y mamá dijo que por ella no había ningún problema. Mamá es una persona de trato fácil, en esencia quiere que todo el mundo esté lo más feliz posible, y supongo que Sol también puede ser nombre cristiano.

Hasta ahí más o menos llega la influencia de mi abuela en mi vida, porque, por suerte, vive lejos, en Israel, y no la veo casi nunca salvo en las fotos que envía, que siempre son primeros planos para que no se vea que va en silla de ruedas. Digo por suerte porque si viviera un poco más cerca intentaría interferir y mangonearnos como papá asegura que hace siempre. Aunque es su hijo, le tiene aversión, pero al mismo tiempo lo atemoriza y no se atreve a plantarle cara, así que cada vez que viene de visita hay una tensión considerable en el ambiente, y eso fastidia a mi madre. En cuanto la abuela Sadie se vuelve, papá recupera el valor y la ataca; en cierta ocasión dijo que ella tenía la culpa de la muerte de su querido padre, Aron, que era un autor de teatro fracasado, a los cuarenta y nueve, y mamá dijo que por lo que ella sabía al padre de papá lo mató el tabaco, no su esposa, pero papá dijo que había una relación demostrada entre el cáncer y la ira reprimida, pero no sé muy bien qué significa eso de reprimida.

Mi padre vivió un tiempo en Israel cuando tenía mi edad y la ciudad de Haifa le gustó tanto que de todos los sitios para vivir en Estados Unidos escogió California, porque los eucaliptos y las palmeras, los naranjales y los arbustos en flor le recordaban aquellos buenos tiempos. Israel es también el lugar donde empezó a detestar a los árabes por causa de una chica árabe de la que se enamoró y se desenamoró allí, asunto del que no sé nada porque cada vez que habla de ello se pone todo tenso y a la defensiva e incluso para mamá es un misterio lo que ocurrió con esa novia suya de infancia.

La abuela Sadie es inválida y judía ortodoxa, a diferencia del resto de la familia. Lleva peluca porque si eres judía ortodoxa se supone que no debes enseñarle el pelo a nadie, salvo a tu marido, por si te desean y quieren follar contigo sin estar casados. Teniendo en cuenta que es viuda y va en silla de ruedas, me sorprendería que alguien la deseara y quisiera follar con ella, pero aun así se niega a quitarse la peluca. Hace poco un rabino en Florida ordenó a las judías que dejaran de llevar pelucas hechas de pelo de indias porque en la India rinden culto a dioses con seis brazos o a cabezas de elefante o lo que sea, y su pelo queda mancillado al rezarles a esos dioses, de manera que las judías también quedarán mancilladas si se ponen pelucas hechas con ese cabello, así que tienen que comprar pelucas sintéticas nuevas «de inmediato», ordenó el rabino, pero la abuela dijo que eso era pasarse de la raya.

La silla de ruedas se debe a un accidente de coche en que se vio implicada hace años, aunque desde luego no le impide ir de aquí para allá: ha estado en más países que todos los demás de la familia juntos. Es una famosa conferenciante y su propia madre, Erra (a saber, mi bisabuela, a la que yo llamo G.G.), es una famosa cantante, y cuando papá tenga tiempo de alistarse para ir a Irak será un famoso héroe de guerra, y es asunto mío decidir en qué quiero hacerme famoso, aunque no supondrá el menor problema: la fama me viene de familia.

A diferencia de mi padre, cuya madre siempre estaba ausente perorando en universidades cuando él era pequeño, yo tengo una madre excelente que decidió quedarse en casa por voluntad propia y no porque ése fuera el destino de la mujer en otros tiempos. Se llama Tess pero yo la llamo mamá. Todos los niños llaman a sus madres mamá, claro, y a veces en el parque otro niño grita «¡Mamá!» y mi madre se vuelve, pensando que soy yo. Me parece increíble que me confunda con otro. «Es como cuando suena el móvil de otra persona con el mismo tono que el tuyo —dice—. Prestas atención y enseguida caes en la cuenta: no, no me buscan a mí».

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