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Authors: Hans Küng

Tags: #Ensayo, Religión

Ser Cristiano

BOOK: Ser Cristiano
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Hans Küng nos dice que el cristianismo es una decisión. Más precisamente, que Dios es una decisión racional, necesaria y eficiente del ser humano conciente frente a una realidad que, sin Dios, carece de sentido.

Küng sigue el ejemplo de Pablo a los Romanos (¿quién no?) y empieza su
Ser Cristiano
negando toda posibilidad de salvación en este mundo. Claro, nos dice, no se trata de satanizar el más acá. Es tomar al toro por los cuernos y afirmar lo siguiente: ni la revolución, ni la técnica, ni la nostalgia, ni los reformadores han podido sacar al hombre del vacío existencial que irremediablemente trae una sociedad moderna y, acaso, la misma condición humana: «los reformadores liberales y los desengañados revolucionarios se dan cita ante la tumba de sus esperanzas», escribe el teólogo suizo.

Y es que sin Dios, el hombre no podría responder a las tres grandes preguntas que, según Kant, son el motivo de la razón humana: ¿qué puedo hacer? (pregunta por la verdad), ¿qué debo hacer? (pregunta por la norma) y ¿qué me cabe esperar? (pregunta por el sentido). Para Kant, Dios es un postulado. Para Küng es la base sobre la que gira todo el mundo fáctico. Pero a ese Dios sólo se le puede conocer en la práctica. No hay comprobación para negar o para afirmar a Dios. La razón humana no da para eso.

Hans Küng

Ser Cristiano

ePUB v1.0

Zorindart
05.09.12

Título original:
Christ sein

Hans Küng, 1974.

Traducción: José María Bravo Navalpotro

Diseño/retoque portada: Zorindart

Editor original: Zorindart (v1.0)

ePub base v2.0

Para quiénes se escribió este libro

Este libro ha sido escrito para aquellos que por una u otra razón quieren, honrada y sinceramente, informarse de lo que es el cristianismo, saber en qué consiste propiamente ser cristiano. También ha sido escrito para aquellos que no creen, pero preguntan seriamente; que han creído, pero están insatisfechos de su incredulidad; que creen, pero no se sienten seguros en su fe; que andan indecisos entre la fe y la incredulidad; que son escépticos tanto frente a sus convicciones como frente a sus dudas en la fe.

Ha sido escrito, pues, para cristianos y ateos, gnósticos y agnósticos, pietistas y positivistas, católicos tibios y católicos fervientes, protestantes y ortodoxos.

¿No hay acaso fuera de las Iglesias muchas personas que en respuesta a las cuestiones fundamentales del ser humano de ninguna manera se contentan, y mucho menos para toda la vida, con sentimientos vagos, prejuicios personales o explicaciones aparentes? Y en todas y cada una de las Iglesias, ¿acaso no es también crecido el número de los que no quieren permanecer en una fe infantil, que esperan algo más que un mero repertorio de frases bíblicas o un nuevo catecismo confesional, que en las fórmulas infalibles de la Escritura (protestantes), de la Tradición (ortodoxos) o del Magisterio (católicos) ya no encuentran el último apoyo? Personas todas ellas, no obstante, que detestan un cristianismo a precios de rebaja, que no se avienen a reemplazar el tradicionalismo eclesiástico por una simple cosmética acomodaticia y conformista, que, muy al contrario, sin dejarse influir por presiones del magisterio eclesiástico hacia la derecha ni de ideologías arbitrarias hacia la izquierda, tantean un nuevo camino hacia un cristianismo sin recortes, hacia el íntegro y verdadero ser cristiano.

No se trata aquí de ofrecer una readaptación de la tradicional profesión de fe, ni una minidogmática que dé respuesta a todas las viejas y nuevas cuestiones disputadas; tampoco se trata, por supuesto, de propagar un nuevo cristianismo. Quien pueda, mejor que el autor, hacer inteligibles al hombre de hoy las proposiciones tradicionales de la fe, que lo haga: siempre será bienvenido. Nada susceptible de buen entendimiento será aquí rechazado. En este sentido, para una mayor verdad, quedan todas las puertas abiertas. Aquí se trata únicamente de que alguien, que está convencido del cristianismo, va a ensayar, sin triunfalismos ni lirismos teológicos, sin caer en escolasticismos de vieja factura ni hablar el chino de los modernos teólogos, una introducción fiel a la materia y acorde con los tiempos. Una introducción:

  • al
    ser
    cristiano, esto es, no sólo a la enseñanza y doctrina cristiana, sino al ser cristiano, al obrar cristiano y conducirse en cristiano;
  • sólo
    introducción, pues ser cristiano o no serlo es asunto personal de cada uno;
  • una
    introducción, o sea, que no queda excomulgada ninguna otra distinta; por lo que, como contrapartida, también se espera un poco de tolerancia con ésta.

¿Qué pretensiones tiene entonces este libro que, de hecho, ha venido a convertirse en algo así como una pequeña «summa» de la fe cristiana? Pretende, dentro de la brusca transformación que han sufrido en esta época la doctrina, la moral y la disciplina de la Iglesia, detectar lo permanente: lo que distingue a la Iglesia de las otras religiones del mundo y de los modernos humanismos y lo que ella tiene en común con las demás Iglesias cristianas. Pretende también, y a ello tiene el lector pleno derecho, poner de relieve con exactitud histórica y plena actualidad, de acuerdo con los resultados de las últimas investigaciones y, a la vez, en forma inteligible, lo decisivo y característico del programa cristiano para la praxis cristiana: lo que este programa significó
originariamente
, sin la capa de polvo y el lastre de dos mil años, y lo que este programa puede significar
hoy
, sacado a nueva luz, para quien quiera dar sentido y plenitud a su vida. No un evangelio distinto, sino el mismo viejo evangelio, redescubierto hoy y para hoy.

El autor no ha escrito este libro porque se tenga él mismo por buen cristiano, sino porque considera que ser cristiano es algo muy importante. En un libro como éste se podría y, realmente, se debería trabajar hasta el fin de la vida. Y ni siquiera entonces podría darse por terminada la tarea. Sin embargo, dado que el libro puede, presumiblemente, desempeñar una función orientadora en la difícil situación actual de la Iglesia y la sociedad y entenderse a la vez como contrapunto positivo de otro escrito mío sobre la infalibilidad, es ahora, y no dentro de tres o treinta años, cuando debe aparecer.

-I-
E
L
H
ORIZONTE
I - EL RETO DE LOS MODERNOS HUMANISMOS

Preguntemos sin rodeos:
¿Por qué hay que ser cristiano?
¿Por qué no simplemente hombre, hombre de verdad? ¿Por qué ser, además de hombre, cristiano? ¿Acaso ser cristiano es más que ser hombre? ¿Se trata de una supraestructura o de una infraestructura? ¿Qué es en realidad lo cristiano? ¿Qué significa ser cristiano hoy?

Los cristianos deberían saber lo que quieren. También los no cristianos deberían saber lo que los cristianos quieren. Preguntado por lo que quiere el marxismo, un marxista podrá dar, aunque hoy ya no sea del todo indiscutida, una respuesta lacónica y concluyente: la revolución mundial, la dictadura del proletariado, la socialización de los medios de producción, el hombre nuevo, la sociedad sin clases. Pero el cristianismo, ¿qué quiere? La respuesta de los cristianos no pasa de ser, en no pocos aspectos, vaporosa, sentimental, genérica: el cristianismo quiere amor, justicia, hallar sentido a la vida, ser bueno y hacer el bien, humanidad… Pero, ¿no quieren tales cosas también los no cristianos?

Sin lugar a dudas, la cuestión de lo que el cristianismo quiere, lo que el cristianismo es, se ha agudizado drásticamente, ya que los no cristianos comparten hoy a menudo los mismos ideales. También ellos están a favor del amor, la justicia, el sentido de la vida, el ser bueno y hacer el bien, la humanidad. Y en la práctica, con harta frecuencia, lo están aún más que los cristianos. Si, pues, estos «otros» dicen lo mismo, ¿para qué ser aún cristiano? El cristianismo se halla hoy, en todas partes, en
doble confrontación
: de un lado, con las grandes religiones; de otro, con los humanismos no cristianos, los humanismos «seculares». Incluso a los cristianos que hasta ahora se han sentido en esta o aquella Iglesia institucionalmente guarecidos e ideológicamente inmunizados les asalta, hoy, el interrogante: ¿es el cristianismo, comparado con las otras religiones y los humanismos modernos, algo esencialmente distinto, algo realmente especial?

A este interrogante no puede responderse de forma puramente teórica, genéricamente. Muy al contrario: la cuestión ha de ser estudiada y resuelta de la manera más concreta y práctica posible dentro del horizonte de nuestro tiempo, teniendo en cuenta las experiencias y los condicionamientos de nuestro siglo, del mundo y la sociedad presentes, del hombre de hoy en suma. Por descontado que en esta primera parte no se tratará de hacer un completo análisis de nuestro tiempo. Pero sí se tratará de lograr una visión crítica del cristianismo en relación con las ideologías, corrientes y movimientos que con él concurren. El mundo y la sociedad actuales no serán, pues, descritos y analizados en sí mismos; de ello ya existe una inmensa literatura. Sencillamente: el cristianismo será nuevamente fundamentado y definido desde el ángulo de su conexión con este mundo y esta sociedad, tal como hoy ellos se presentan. El mundo y la sociedad actuales
no
constituyen, por tanto, objeto directo de estudio, como tampoco, por supuesto, el antipolo que hay que desvalorizar; constituyen, sin más, el horizonte y punto de referencia que tendremos constantemente presente en nuestra investigación.

1. VUELTA AL HOMBRE

¿Se engaña quien piensa, contra toda apariencia, que justamente la evolución de
este mundo moderno
, de su ciencia, técnica y cultura, plantea hoy el problema de ser hombre de una forma que, lejos de hacer más difícil la respuesta al problema de ser cristiano, la facilita?

¿Se engaña quien piensa, contra toda apariencia, que en el curso de esta moderna evolución en ningún caso ha jugado la
religión
todas sus bazas, que las preguntas últimas del hombre no están respondidas ni, menos aún, liquidadas, que Dios está menos muerto que nunca, que en la misma incapacidad general de creer se apunta una nueva exigencia de fe?

¿Se engaña quien piensa, contra toda apariencia, que la
teología
, conmocionada por las repetidas crisis del espíritu humano, de ninguna manera ha agotado su sabiduría ni se halla en bancarrota, sino que en virtud del ingente trabajo realizado por las generaciones de teólogos de los dos últimos siglos se encuentra preparada, hoy mucho más que ayer, para dar una nueva respuesta a la pregunta «qué es ser cristiano»?

a) Mundo secular

El hombre quiere hoy, ante todo, ser hombre. No un superhombre, pero tampoco un infrahombre. Enteramente hombre en un mundo lo más humano posible. ¿No es asombroso cómo el hombre se ha vuelto capaz de manipular el mundo, cómo ha osado dar el salto al universo, al igual que antes se había atrevido a descender a las profundidades de su propia psique? ¿Y que con ello ha sometido a su dominio muchas cosas, todas casi, que antes eran de exclusiva competencia de Dios o de fuerzas y espíritus supramundanos o sobrehumanos, que se ha hecho, en fin, verdaderamente adulto?

A esto nos referimos cuando hablamos de un mundo «secular», mundano. En otro tiempo,
secularización
tuvo un sentido primordialmente jurídico-político; significó el paso de las posesiones eclesiásticas al dominio secular de hombres y Estados. Hoy, sin embargo, no sólo buena parte de los bienes eclesiásticos, sino la mayoría de los ámbitos decisivos de la vida humana —ciencia, economía, política, derecho, Estado, cultura, educación, medicina, bienestar social—, se han sustraído a la influencia de las Iglesias, de la teología y de la religión, quedando sometidos a la directa responsabilidad y disposición del hombre actual, «secularizado»
[1]
.

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