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Authors: David Brin

Tags: #Ciencia Ficción

Tiempos de gloria (50 page)

BOOK: Tiempos de gloria
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.No es asunto de mi incumbencia, se dijo, sabiendo lo muchísimo que le importaba a pesar de todo. La primera rad miró a Maia, que las escuchaba de cerca.

—Naturalmente, hay un elemento de elección por su parte, también —dijo—. Igualdad de derechos, ya sabes. Y no se pueden saber los gustos alienígenas…

La var se volvió hacia Maia, y le hizo un guiño.

Maia se ruborizó y se marchó. Apoyada en la banda de estribor, contempló las olas coronadas de espuma, incapaz de detener sus pensamientos. La chismosa había dado voz a una pregunta que la propia Maia no había admitido:
.¿Qué le gustará a Renna en las mujeres?
Sacudiendo vigorosamente la cabeza, hizo un decidido esfuerzo por pensar en otra cosa. Preocuparse por asuntos como éstos era, en el mejor de los casos, poco práctico, y ella había jurado ser una persona práctica.

.Piensa. Pronto se llevarán lejos a Renna y estarás sola en una gran ciudad. Cuando se haya marchado, tendrás que vivir con lo que sabes .

.¿Con qué activos cuentas? ¿Qué habilidades puedes vender? Intentó concentrarse, plantearse una lista de recursos, pero se encontró frente a una desconcertante pantalla en blanco.

La pantalla no era neutral. Nacida en un tenso momento de furia, se extendía hacia fuera desde sus oscuros pensamientos y parecía teñir su visión de cuanto la rodeaba, saturando el paisaje marino, envolviéndolo como un lienzo pintado con una paleta salvaje de tonos primitivos y brutales. Sentía el aire cargado, como antes de una tormenta, y una sensación de expectación hacía redoblar su corazón.

Maia intentó cerrar los ojos para escapar a aquella inquietante sensación, pero las impresiones la siguieron.

Apretar con fuerza los ojos sólo le causó más sensaciones aplastantes familiares. Un grupo de manchas claras y oscuras fluctuó y giró, cambiando demasiado rápido para que pudiera seguirlas. Había conocido el fenómeno toda su vida, pero ahora la asustaba y a la vez la fascinaba. Combinándose en formas solapadas, las manchas parecían ofrecer un extraño significado, apartándose de su visión centrada hacia algo al mismo tiempo hermoso y terrible.

El aliento escapó de sus pulmones con un suspiro. Maia encontró la voluntad necesaria para frotarse los ojos y volver a abrirlos. Manchas púrpuras latieron concéntricas antes de difuminarse, junto con aquella extraña sensación de forma informe. Sin embargo, durante unos instantes Maia experimentó una vaga pero persistente seguridad. Al mirar hacia fuera ya no veía, pero siguió imaginando un panorama de pautas siempre cambiantes, extendiéndose en infinita sucesión por el cielo moteado de nubes. Momentáneamente, las nubes parecieron hechas de formas efímeras y emblemáticas que cambiaban rápidamente, solapándose y mezclándose para tejer la ilusión de solidez que había aprendido a llamar «realida»..

El alivio se mezcló con el asombro cuando aquel momento pasó. Sólo podía haber durado instantes. La atmósfera recobró su carácter de aire denso y húmedo. La baranda de madera parecía firme bajo sus manos.

.Ahora me estoy volviendo loca, pensó Maia irónicamente. Como si no tuviera ya suficientes problemas.

Llamaron para el desayuno. Tentativamente, como si la cubierta pudiera moverse bajo sus pies, Maia se puso en la cola. Vio cómo el cocinero servía dos porciones, una para Renna y otra doble para ella, según las órdenes del médico del barco. Se volvió, buscando al Visitante, y lo encontró enfrascado en una conversación con el capitán, aparentemente ajeno al ridículo que había hecho la noche anterior. Ella se acercó desde detrás, y llamó su atención lo suficiente para asegurarse de que veía su plato sobre la mesa de mapas, cerca de su codo. Renna sonrió, e hizo ademán de querer hablar con ella, pero Maia fingió no darse cuenta y continuó caminando. Llevó su cuenco de calientes gachas a proa, hasta el mismo bauprés, donde los rítmicos movimientos del barco al subir y bajar encontraban chorros de salada espuma. Eso hacía que el lugar fuese incómodo para estar de pie, pero ideal para hallarse a solas, acurrucada bajo el refugio protector de la cubierta de proa.

Las gachas la nutrían sin pretender tener buen gusto. No importaba. Ya había dominado sus pensamientos, y podía reflexionar sobre lo que podría hacer cuando el barco llegara a puerto.

.Ursulaborg, perla de la costa de Méchant. Algunos antiguos clanes son tan grandes y poderosos que tienen pirámides de clanes inferiores a sus órdenes, y éstos a su vez tienen familias clientes propias, y así sucesivamente. Clones sirviendo a clones de las mismas mujeres que emplearon por primera vez a sus antepasadas, cientos de años atrás, y todo el mundo conoce su sitio desde el día en que nacen, y todos los potenciales conflictos de personalidad han sido resueltos hace años .

Maia recordó haber visto un vídeo cinemático (una comedia) cuando Leie y ella tenían tres años.

Casualmente, la acción se desarrollaba en el magnífico palacio de Ursulaborg de uno de aquellos grandiosos multiclanes. La trama incluía el plan de una maligna forastera para sembrar discordia entre familias que se habían llevado bien durante generaciones. Al principio, la estratagema pareció funcionar. Estallaban recelos y peleas que se alimentaban mutuamente mientras las mujeres llegaban a conclusiones erróneas. La comunicación se cortó y la oleada de malentendidos, tanto incitados como humorísticamente accidentales, parecía destinada a causar una escisión irreparable. Entonces, en el momento culminante, el impulso se disolvía en un instante de revelación, y luego llegaba la reconciliación y por fin la risa.

.Estábamos destinadas a ser compañeras
—decía una anciana y sabia matriarca, como moraleja final—.
.Si nos encontráramos siendo vars, como lo hicieron nuestras primeras madres, nos convertiríamos rápidamente en amigas. Sin embargo, nos conocemos unas a otras mejor de lo que podrían hacerlo jamás las vars. ¿Es posible que las hermanas Blaine pudiéramos vivir sin las Chen? ¿O vosotras sin nosotras? Blaine, Chen, Hanley, y Wedjet… la nuestra es una gran familia, inmortal, como moldeada por la propia Lysos
.

Fue un final cálido y lacrimógeno, e hizo que Maia se sintiera terriblemente contenta de tener a Leie en su vida… aunque su hermana hizo comentarios despectivos en voz baja, al final de la película, sobre su completa falta de lógica y la poca profundidad de los personajes.

A Leie le habría encantado ver Ursulaborg.

No había tierra a la vista. Sin embargo, miró más allá del bauprés, hacia el oeste, parpadeando contra el agua que ocultaba una salada amargura propia de las lágrimas.

Renna la encontró allí. El hombre la llamó desde el primer mástil.

—¡Ah, Maia, estás ahí!

Ella se secó rápidamente los ojos y se volvió para verlo subir a la zona protegida.

—¿Cómo te va? —preguntó él alegremente. Se sentó frente a ella y se inclinó hacia delante para estrecharle la mano.

—Lo he pasado peor —respondió ella, encogiéndose de hombros, un poco aturdida por su efusividad. Aquello taladraba la distancia protectora que había intentado construir entre ambos. Maia se aseguró de no retirar la mano de un tirón, pero lo hizo despacio. Él pareció no darse cuenta.

—¿No hace un día magnífico? —inhaló Renna, indicando la ancha extensión de mar soleado y cubierto de nubes que se extendía en derredor—. Me he levantado al amanecer, y por un momento me ha parecido ver un enjambre de grandes pontoos, allá al sur, entre las nubes. Alguien ha dicho que eran sólo flotadores-zoor comunes… De ésos he visto montones. Pero éstos parecían tan hermosos, tan graciosos y majestuosos, que me figuré…

—Los pontoos son muy escasos ahora.

—Eso me han dicho —suspiró—. ¿Sabes? Este planeta sería perfecto para volar. He visto pájaros y criaturas de gas de muchos tipos. ¿Pero por qué tan pocos aviones? Sé que los vuelos espaciales perturbarían vuestro pastoralismo estable, ¿pero qué daño os haría tener unos cuantos zep’lines y aviones más? ¿Sería malo dar a la gente la oportunidad de moverse con más libertad?

Maia se preguntó cómo un hombre podía ser tan charlatán, a horas tan tempranas del día.
.Se habría sentido más a gusto con Leie
.

—Dicen que hace tiempo había muchos más zep’lines —contestó.

—También dicen que los hombres solían pilotarlos, como sucede con los barcos del mar, pero que fueron expulsados del cielo. ¿Sabes por qué?

Maia sacudió la cabeza.

—¿Por qué no se lo preguntas?

—Lo intenté. —Renna hizo una mueca. Contempló el océano—. Parece ser un tema peliagudo. Tal vez lo investigue cuando vuelva a la Biblioteca de Caria. —Se volvió hacia ella—. Escucha, creo que se me ha ocurrido algo. ¿Podrías corregirme si me equivoco?

Maia suspiró. Renna parecía decidido a anular su apatía cuidadosamente preparada a fuerza de entusiasmo abrumador.

—Está bien —dijo, con cautela.

—¡Magnífico! Primero, verifiquemos lo básico. —Alzó un dedo—. Los apareamientos en verano producen variantes normales, genéticamente diversas, o vars. Por cierto, ¿el término es despectivo? Lo he oído usar como insulto, en Caria.

—Yo soy una var —dijo Maia sin inflexiones—. No tiene sentido considerarse insultada por un hecho.

—Mm. Supongo que podríamos decir que yo también soy un var.

.Por supuesto. Todos los niños son vars. Sólo que el nombre no se aferra a ellos como un parásito. Pero ella sabía que Renna no tenía mala intención, aunque tocaba torpemente asuntos que dolían.

—Muy bien, pues. Durante el otoño, el invierno y la primavera, las mujeres de Stratos tienen clones partenogenéticas. De hecho, a menudo no pueden concebir en verano hasta que ya han tenido un hijo de invierno.

—Hasta ahora vas bien.

—Veamos, incluso la clonación requiere la intervención de los hombres, como
.impregnadores
, ya que el esperma induce la placenta…

—La palabra es
.potenciadores
—corrigió Maia en voz baja.

—Sí, bueno. Muy bien, ésta es la parte con la que tengo problemas… —Renna hizo una pausa—. Cómo trató Lysos la atracción sexual. Verás, en la mayoría de los mundos homínidos el sexo es una distracción eterna. La gente lo practica desde la pubertad a la senilidad, gasta en él enormes cantidades de tiempo y dinero, y a veces actúa de forma increíblemente desagradable a causa de una obsesión innata que se lleva en los genes.

—Haces que parezca horrible.

—Mm. Tiene sus compensaciones. Pero en Stratos parece que se han hecho los arreglos necesarios para disminuir la cantidad de energía centrada en el sexo. Todo según los cánones de la ideología Herlandista.

—Continúa —dijo ella, interesada a su pesar.
.¿De verdad que la gente de otros planetas piensa en el sexo más que yo? ¿Cómo consiguen hacer nada?

Renna prosiguió.

—Los hombres de Stratos son estimulados por pistas visuales en el cielo de verano, cuando las mujeres están
.menos
excitadas. Hoy, por otra parte, he sido testigo de esa peculiar escarcha que tenéis en invierno…

—Gloria.

—Sí. Un producto natural de un proceso estratosférico bastante sorprendente que deseo estudiar. ¿Y estimula a las
.mujeres
?

—Eso me han dicho. —Maia se acaloró—. Según la leyenda, Lysos quitó la Vieja Locura a los hombres y a las mujeres, y buscó algún sitio donde ponerla. El cielo parecía bastante seguro. Pero un verano apareció la Estrella Wengel. Robó algo de la locura y fabricó una bandera para agitarla y devolver a los hombres el antiguo celo, a través de sus ojos.

—¿Y durante el invierno cae en forma de gloria?

—Exacto, agarrando a las mujeres por la nariz.

—Mm. Bonita fábula. Sin embargo, ¿no resulta extraño que hombres y mujeres estén tan perfectamente fuera de sincronía en cuestiones de deseo?

—Perfectamente no. Si así fuera, no nacería nadie.

—Oh, claro, estoy simplificando mucho. Los hombres pueden disfrutar del sexo en invierno y las mujeres en verano. Pero qué extraño que los varones sean pretendientes agresivos durante una estación, sólo para desinflarse medio año más tarde, cuando las mujeres los buscan.

Maia se encogió de hombros.

—El hombre y la mujer son opuestos. Tal vez lo único que podamos esperar sea el compromiso.

Renna asintió de una manera que le recordó a Maia a una sabia del Clan Burbidge, distraída pero ansiosa, a quien las madres Lamai solían contratar para que enseñara trigonometría a las vars.

—Pero por muy cuidadosamente que Lysos diseñara los genes de vuestros antepasados, el tiempo y la evolución borrarían cualquier disposición que no sea naturalmente estable. Los pocos varones que escaparan un poco al programa transmitirían sus genes más a menudo, y otro tanto harían sus hijos. Lo mismo vale para las mujeres. Con el tiempo, las urgencias masculinas y femeninas volverían a entrar en sincronía, con montones de tensiones y negociaciones bilaterales, igual que en otros mundos. Pero aquí está la parte brillante. En Stratos hay una recompensa mayor, en términos estrictamente biológicos, para la mujer que tiene hijas clónicas en vez de hijos e hijas normales, que sólo transmiten la mitad de sus genes. Así, la tendencia de las mujeres que buscan aparearse en invierno se
.refuerza
.

Maia parpadeó.

—¿Y la misma lógica se aplica a los hombres?

—¡Exactamente! ¡Un varón stratoiano no obtiene ningún beneficio genético del sexo en invierno! No hay motivo para preocuparse, pues los hijos producidos no serán suyos en el sentido más básico. —Sacudió la cabeza—. Necesito un buen ordenador para ver si es tan estable como parece. Hay algunos problemas inherentes, como la endogamia. Con el tiempo, cada familia clónica actúa como un solo individuo, llenando a Stratos de…

El entusiasmo de Renna era contagioso. Maia nunca había conocido a nadie tan desinhibido, tan poco restringido por las ideas convencionales. Con todo, una parte de ella se preguntaba:
.¿Es siempre así? ¿Es todo el mundo así, de donde él viene?

—No sé —cortó cuando él se detuvo a tomar aliento—. Lo que estás diciendo tiene sentido… ¿pero qué hay del mundo estable y feliz que quería Lysos? ¿Somos felices? ¿Más felices que la gente de otros planetas?

Renna sonrió, mirándola a los ojos una vez más.

—Vas directo al meollo de la cuestión, ¿verdad, Maia? ¿Cómo puedo contestarte a eso? ¿Quién soy yo para juzgar? —Contempló los blancos cúmulos, cuyas panzas planas cabalgaban una invisible capa de presión no muy por encima del palo mayor del
.Manitú
—. He estado en mundos que podrían parecerte el paraíso. Todas tus terribles experiencias de este año habrían sido casi imposibles en Pasión o en Nueva Terra. La ley, la tecnología y un estado materno universal las habrían impedido, o acudido al instante con el remedio adecuado.

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